La cantante Maggie Cullen se presentó este viernes en Paraná ante una sala llena. Durante noventa minutos recorrió bagualas, chacareras, zambas, chamamé y canciones de distintos autores de la música argentina y latinoamericana. Hubo momentos a sola voz y guitarra, baile desde la platea y un bis a capela, sin micrófono.
Eran las 21.10 cuando Maggie Cullen apareció en el escenario del Teatro 3 de Febrero para presentar Décimas, su último disco. La sala estaba colmada y eligió empezar sin demasiados preámbulos, con la baguala El silbador. Después llegó una chacarera y, poco a poco, el concierto empezó a mostrar por dónde iba a transitar durante la siguiente hora y media.
No tardó en hablarle al público. Dijo que estaba muy contenta de volver a Paraná y que la ciudad ya era, para ella, “un poco su casa”. Maggie contó con una platea que durante toda la noche estuvo cerca, atenta y dispuesta a acompañarla.
Con la guitarra aparecieron La sencilla, El 180 y El puente de los suspiros. El repertorio no obedecía a una única geografía. Cullen podía pasar del folklore argentino a Violeta Parra y regresar sin que el movimiento resultara forzado. De la compositora chilena eligió La jardinera.
También hubo espacio para canciones propias. Presentó unas décimas nacidas de un momento personal y contó que las había pensado como una forma de oración. Más tarde, Tiro libre, una cueca cuyana, cambió nuevamente el paisaje, y llegó Coplas del valle, de Ramón Navarro.
El concierto tampoco estuvo construido únicamente alrededor de su voz. En un momento, Cullen se corrió a un costado y dejó el escenario en manos de la guitarra. Más adelante ocurrió algo parecido con la percusión.
Alfonsina y el mar encontró al teatro en uno de sus silencios más atentos.
Después volvió el movimiento. Una pareja de bailarines apareció en escena y llegaron La humpa y Chacarera del sufrido. También hubo lugar para De qué callada manera. Entre una canción y otra, Cullen volvió a hablar de Paraná y de la manera en que la ciudad la había recibido.
Uno de los cambios más lindos de la noche ocurrió cuando quedó junto a Nacho Abad en el piano. Entonces apareció Charly García. Cullen recordó que había compuesto aquella canción siendo muy joven y comenzó Cuando ya me empiece a quedar solo.
Después, guitarra en mano, pidió al público que imaginara una noche en el campo. Así llegó Campo nomás.
En esa misma intimidad cantó Muchacha ojos de papel. El concierto ya había pasado por Salta, Cuyo, Chile, Charly García y Spinetta cuando empezó a acercarse al litoral. Con Rumbeando pa’l litoral entró el chamamé y volvió a cambiar el clima.
Cullen presentó entonces a los músicos que la acompañaban: Ariel Sánchez, en percusión; Seva Castro, en guitarra y coros; Joaquín Chibán, en violín; y Nacho Abad, en piano, coros y dirección musical.
Había algo de ella también más allá de las canciones. La escenografía incluía dibujos realizados por la propia cantante, parte de un universo visual que aparecía además en cuadernos, remeras, discos y otros objetos que acompañaban la presentación y que se ofrecían en el hall.
Hasta la raíz fue otro de los temas elegidos. Más adelante llegó Jaime Roos. Antes de cantar Si me voy antes que vos, Cullen dedicó la canción a quienes ya no están físicamente con nosotros.
El tramo final empezó a correrse otra vez hacia la fiesta. Sonó La simple, regresaron los bailarines y, para entonces, parte del público ya se había levantado de las butacas.
Maggie empezó a despedirse con gente bailando desde la platea. Todavía quedaba Ay, carnaval, el carnavalito compuesto junto a Pachi Herrera. Parecía el final, pero el teatro no estaba dispuesto a dejarla ir tan rápido.
Volvió. Y el bis dejó una de las imágenes más fuertes de la noche. Sin micrófono, sin acompañamiento y a capela, Cullen entonó Canto versos, de Jorge Fandermole. La voz llegó desnuda desde el escenario y el público escuchó con atención.
Después tomó otra vez la guitarra, De fiesta en fiesta y La arenosa terminaron de cerrar el círculo: de aquella baguala inicial a una despedida metida otra vez de lleno en la música popular.
Cuando finalmente saludó, junto a su banda, los aplausos fueron de pie. Paraná fue una estación dentro de un recorrido en la presentación de Décimas, que sigue. Desde aquí, Cullen partió hacia Rosario y el mes próximo llevará su música a Europa. Pero durante esos noventa minutos en el 3 de Febrero no hubo sensación de paso fugaz, quizás porque para Maggie, esta ya era un poco su casa.


