Un marplatense encontró al arquero de la Selección que había quedado encajado en un camino rural, lo ayudó durante tres horas y recibió un inesperado regalo.
Leonardo Albarracín ya tiene la anécdota de su vida y si no fuera porque el momento quedó registrado, pocos le creerían: junto a su familia “salvó” a Emiliano “Dibu” Martínez, el arquero de la Selección, del barro.
Criado en el campo, fanático de la Selección Argentina, de Lionel Messi y del arquero marplatense, cuando se conoció la noticia de que “Dibu” había adquirido tierras por la zona de Sierra de los Padres y vio algunas fotos, Leonardo creyó que podría reconocer el lugar.
Fue por ello que el sábado a primera hora de la tarde le pidió a su hijo mayor, Ramiro, que lo acompañara para ver si, casualmente, se cruzaban al arquero que fue la gran figura argentina en la final del Mundial ante España.
“Salimos en moto porque había llovido mucho y los caminos estaban intransitables. Más o menos me imaginaba por dónde era pero no estaba seguro. En eso doblamos y vemos a lo lejos dos camionetas. Como son caminos privados y veníamos en moto, pensé que nos podían sacar a los tiros, así que nos fuimos acercando despacio y vimos una figura imponente de casi 2 metros. ‘Ese es el Dibu, papá’, me dijo mi hijo. Yo no podía creer que fuera cierto. Frenamos a unos 5 o 6 metros, nos sacamos los cascos enseguida y le empezamos a decir ¡Dibu! ¡Campeón!. Tenía las manos en los bolsillos y enseguida mostró esa sonrisa tan propia de él”, contó Leonardo emocionado al recordar el encuentro.
Las dos camionetas estaban literalmente caídas dentro de la “banquina” y completamente encajadas. El futbolista del Aston Villa había intentado rescatar a un amigo y también había caído en la trampa de barro.
“Nosotros no queríamos invadir de ninguna manera, pero le preguntamos qué le había pasado, nos contó y nos pidió si no teníamos un cuchillo porque no podían desatar los nudos de las lingas. Yo tenía una navaja y enseguida me tiré al suelo para intentar desatarlos. La verdad es que quiero resaltar la calidad humana del Dibu. Una persona extraordinaria. Ni siquiera hablamos de fútbol o del Mundial, sino que fue una charla distendida, de amigos que se encuentran de casualidad. Y de pronto nos preguntó: ‘¿Y qué andan haciendo ustedes por acá?’. Yo asomé desde el piso, todo lleno de barro y le dije que no nos iba a creer pero habíamos salido para ver si lo encontrábamos”.
Hombre previsor, Albarracín tenía debajo de su campera la camiseta de la selección y la reacción del Dibu se la guardará para siempre entre sus más preciados recuerdos.
Claro que había que resolver el problema. Allí estaban, en el medio del campo, encajados, sin elementos y con la tarde cada vez más avanzada.
“Se me ocurrió llamar por celular a mi señora -recordó Leonardo- para pedirle que trajera una pala, otra linga y que dejara el auto en la entrada porque de lo contrario se iba a encajar. Mientras venían mi esposa Rosana y mi otro hijo, Juan Cruz, le pregunté si no tenía un tractorcito. Me dijo que sí pero no lo sabía manejar. Entonces se fue con mi hijo hasta la casa y trajeron el tractorcito. Para nosotros fue algo extraordinario. La cordialidad y la sencillez del Dibu son para resaltar. Una aventura fantástica que pude compartir con mi familia. Si la hubiésemos planificado, imposible que hubiera salido mejor”.
Después de luchar un largo rato para liberar las dos camionetas (todo el encuentro se extendió por más de tres horas), llegó acaso la mejor parte. Y cuando Albarracín la cuenta, no puede evitar que se le llenen los ojos de lágrimas.
“Antes de subirse a la camioneta nos agradeció de todas las formas posibles y nos dijo que lo habíamos salvado. Justo él, que nos dio tantas alegrías a los argentinos, nos agradecía a nosotros. Y encima es marplatense. Un fuera de serie. Cuando me abrazó, mi cabeza le llegaba al pecho. Es enorme. Entonces me animé. En mi casa yo tengo un santuario desde el Mundial de Qatar. Y cuando decidimos salir a buscar al Dibu en la moto, cargamos el poster con la foto de la atajada a (el francés Randal) Kolo Muani, las camisetas y fibrones por si lo encontrábamos. Y terminó firmándonos todo. Un fenómeno. Jamás me imaginé que nos pudiera pasar esto. Poder vivir este momento increíble con toda la familia es algo mágico. Encima cuando se estaba yendo, se frenó, se sacó el camperón oficial de la Selección y me lo regaló. Ahí sí, ya no pude aguantar. Me desbordó la emoción y me largué a llorar”. (La Capital MDP)


