Te contamos cuales son los rasgos biológicos, patrones de coloración y la importancia en el control natural de especies de la Bothrops alternatus en la región.
La yarará grande (Bothrops alternatus) es una de las serpientes autóctonas presentes en la geografía entrerriana y en los ecosistemas de la zona. Se trata de un reptil de contextura robusta cuya longitud promedio alcanza 1,30 metros, aunque en áreas húmedas y en el litoral fluvial se registran ejemplares de mayor porte. La especie presenta una cabeza triangular marcadamente diferenciada del resto del cuerpo, hocico puntiagudo, cola corta que finaliza en punta y escamas provistas de un relieve o quilla central. Asimismo, existen diferencias físicas entre machos y hembras —como el conteo de escamas ventrales y caudales— que permiten su diferenciación técnica, destacándose que los ejemplares de la región mesopotámica tienden a superar las medidas promedio de la especie.
El patrón de coloración representa un elemento distintivo para su identificación en el medio natural. El dorso castaño exhibe manchas oscuras en forma de riñón con bordes definidos en tonos negro y blanco, peculiaridad que motiva la denominación científica “alternatus”. Sobre la zona cefálica oscura sobresalen trazos blancos que dibujan una figura semejante a una letra “Y” o cruz, motivo por el cual se la conoce popularmente como “víbora de la cruz”. El área ventral, por su parte, presenta un fondo blanco complementado con marcas oscuras cuadrangulares y lineales.
En cuanto a su dinámica de vida y alimentación, los especímenes adultos consumen principalmente roedores y pequeños mamíferos, aproximándose en ocasiones a sectores periurbanos en busca de cobijo. Esta actividad contribuye al control natural de poblaciones de roedores en el entorno local. Las crías, por su parte, se ubican cerca de los cursos de agua para cazar anfibios como ranas y sapos. La especie posee un comportamiento defensivo y dispone de un veneno de acción sanguínea que requiere atención médica inmediata para evitar complicaciones locales severas. A diferencia de otros reptiles, es una serpiente vivípara: cada ciclo reproductivo da nacimiento a un rango de entre 10 y 18 crías vivas, completamente desarrolladas y con su aparato inoculador activo desde el momento de nacer.
La yarará grande habita en ambientes de elevada humedad como esteros, pajonales, zonas pantanosas y montes de galería contiguos a los ríos, siendo habitual su presencia en Gualeguaychú y en diversos puntos de Entre Ríos. A su vez, manifiesta flexibilidad ecológica al adaptarse a paisajes serranos y rocosos, como ocurre en la provincia de Córdoba y en los sistemas de Buenos Aires. En el territorio nacional registra una amplia distribución que abarca el norte, centro y litoral, extendiéndose además su presencia hacia países limítrofes como Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
Su presencia forma parte de la riqueza naturales de los humedales de la zona por eso es de suma importancia no matarlas. En caso de mordedura, asistir rápidamente al Hospital Centenario o comunicarse al 107.


