Cuando hablamos de prevenir el dengue, hablamos de pequeñas acciones cotidianas que, juntas, hacen una gran diferencia. No se trata solo de mirar alrededor, sino de hacernos cargo del espacio que habitamos.
Por eso, cada familia, cada vecino, cada casa puede sumarse a esta misión:
revisar las cunetas y los bebederos de animales, limpiarlos seguido y asegurarse de que no quede agua acumulada. En las rejillas, una buena medida es tirar agua hirviendo para evitar que el mosquito encuentre allí un lugar para crecer. También es clave eliminar recipientes en desuso, baldes, frascos o cualquier objeto que pueda juntar agua después de la lluvia.
Mantener el pasto corto y ordenar el patio ayuda más de lo que imaginamos. Y para protegernos al salir, recordemos usar repelente; en casa, los espirales también son aliados.
La prevención empieza por lo simple y se multiplica cuando cada uno hace su parte.
La misión es de todos. El momento es ahora.
