Crossity, compañía de transformación digital radicada en el Mirador Tec, brindará una solución innovadora a la firma Suino SA, fabricante de fiambres y embutidos que busca crecer con exportaciones. Joel Lifschitz destacó que “la trazabilidad permite a una pyme entrerriana jugar en la misma cancha que una multinacional”. Por Nahuel Amore
La firma de transformación digital Crossity, radicada en el parque tecnológico Mirador Tec de Paraná, dará un paso estratégico en la industria alimentaria regional al implementar un sistema de trazabilidad de lote con genealogía avanzada. La tecnología será adoptada por Suino SA, una empresa entrerriana radicada en Villa Urquiza, con presencia en el mercado nacional que mira hacia afuera para crecer, dedicada a la elaboración de fiambres y embutidos.
La línea de Trazabilidad de Lote/Unidad tiene el propósito central de permitir la reconstrucción digital y en tiempo real de la genealogía completa de cada elaboración. Este esquema integra desde el origen de las materias primas e insumos y las condiciones específicas de procesamiento, hasta los controles de calidad en planta y el destino comercial final, todo bajo un entorno unificado y auditable.
La iniciativa responde a una necesidad concreta de Suino SA, que si bien opera bajo protocolos de producción estrictos y estandarizados, los procesos aún no se encontraban sistematizados en una plataforma integral. La falta de un sistema centralizado provocaba que los datos de la ejecución del paso a paso estuvieran dispersos y no disponibles en tiempo real. Además, si el objetivo es dar el salto hacia la exportación, era necesaria una solución tecnológica.
La adopción de este desarrollo representa un salto decisivo hacia la profesionalización y la eficiencia operativa. Puertas adentro destacan que, en un contexto donde la optimización de costos resulta indispensable, consolidar la información permite tomar decisiones orientadas a la racionalidad de los recursos. El nuevo sistema abarcará de punta a punta la cadena de valor: desde la compra de insumos hasta la producción, la comercialización y la gestión de cobros y pagos.
“La trazabilidad es lo que le permite a una pyme entrerriana jugar en la misma cancha que una multinacional. El producto ya está a la altura. Lo que faltaba era la capacidad de demostrarlo”, sintetizó a DOS FLORINES Joel Lifschitz, dueño de Crossity, la empresa que se convirtió en la primera de Entre Ríos y una de las pioneras a nivel nacional en acceder al Kit 4.0 Avanzado (KIT Avz-03) del Ministerio de Economía de la Nación para llevar a cabo este proyecto innovador.
Trazabilidad con genealogía avanzada
Suino SA elabora sus líneas bajo rigurosos parámetros: toda su oferta cuenta con certificación Senasa y es libre de gluten. Además, su línea Suino CERO® -sin sales de sodio agregadas- constituye una propuesta diferenciada en el mercado nacional que exige controles de origen y composición especialmente estrictos. De allí que, para competir en el país y el exterior, consideraron clave avanzar en un sistema de trazabilidad con genealogía avanzada.
Lifschitz propuso pensar la solución como “el árbol genealógico de cada producto”, que permitirá conocer la historia de cómo llegó un fiambre hasta la góndola. “La palabra genealogía es clave, porque no es solo saber el origen y el destino: es poder reconstruir todo lo que pasó en el medio, y hacerlo para adelante y para atrás”, sintetizó, y acotó que eso permite, entre otras cuestiones, detectar problemas específicos, reconstruir su historia y actuar puntualmente sobre la solución concreta.
En ese sentido, explicó que el sistema registra digitalmente cada paso: de qué proveedor vino la materia prima, en qué lote entró, por qué máquinas y qué etapas de la línea pasó, qué controles de calidad se le hicieron, quién lo elaboró, cuándo, en qué condiciones de temperatura, y a qué cliente y a qué punto del país terminó viajando. “Todo eso queda vinculado, en tiempo real y auditable”, destacó.
Etapas y plazos
El proyecto, previsto para desarrollarse en cuatro meses a través de distintas etapas, inició el 9 de junio y finalizará a fines de septiembre. El primer paso fue meterse dentro de la planta, para conocer y registrar los procesos de compra, producción, anotaciones y experiencias del personal, algunos con 20 años de antigüedad. En esa etapa, indicó, resulta clave ponerse de acuerdo qué significa cada dato.
Sobre esa base, Crossity desarrolla y pone en marcha el sistema. Se trata de la etapa más extensa y previa a las pruebas con datos reales y la capacitación de los equipos. El último paso será su implementación definitiva.
“Esto no es un software que se instala y listo. Es un proceso de ida y vuelta permanente con el cliente. No llegamos con una solución armada de antemano para meterla a la fuerza en una planta que no conocemos. La solución se construye con la gente de Suino, con sus referentes técnicos y operativos. Ellos conocen su proceso mejor que nadie; nosotros sabemos cómo traducirlo a un sistema. El resultado sale de esa conversación”, sintetizó.
Desde esa perspectiva, acotó que ”cada implementación es un traje a medida” y depende de la realidad de cada empresa. El plazo dependerá del relevamiento previo, con foco puesto en sus procesos internos. Al mismo tiempo, aclaró que “el programa Kit 4.0, tiene sus propios tiempos administrativos, rendiciones y verificaciones que, cuando el proyecto se hace de manera directa entre empresa y proveedor, no están”.
Puertas adentro
Para Lifschitz, el mayor retorno de la trazabilidad “aparece puertas adentro” de la fábrica. “La mayoría de las pymes industriales de la región no tienen un problema de falta de datos. Todo lo contrario: tienen muchísimos datos, pero desconectados”, a través de distintos dispositivos y formatos, señaló, y recordó una frase que Emilia González Cin, responsable de Suino, mencionó en la etapa de relevamiento: “Son datos que viven en satélites”.
La trazabilidad permite convertir los datos dispersos en información. “La diferencia entre dato e información radica en saber que algo pasó y poder hacer algo al respecto”, sostuvo, y enumeró las mejoras internas. Entre otros puntos, destacó que es posible detectar problemas antes de que el producto esté terminado; se puede ver dónde se pierde plata; permite profesionalizar, se depende menos de determinadas personas y garantiza continuidad; facilita las auditorías y certificaciones; se discute qué hacer sobre la base de números.
“Hay algo cultural, que es lo que más cuesta y lo que más vale: la disciplina de tomar el dato y después usarlo para decidir. La tecnología es la parte fácil. El cambio real es ese, saber en dónde y para qué aplicar la tecnología”, reflexionó.
Trazabilidad para exportar
Para el titular de Crossity, el mundo cambió las reglas y en muchos mercados la trazabilidad ya no es un diferencial, sino la condición de entrada. Explicó que exportar resulta hoy más complejo, dado que el mercado no sólo mira precio y calidad, sino también cómo se demuestra eso que se dice.
Planteó, en esa línea, que los mercados externos demandan tres cosas concretas: demostrabilidad, con evidencia digital y auditable; velocidad de respuesta ante un incidente, entendida como gestión del riesgo; y trazabilidad de la cadena completa, no sólo del producto.
En términos de competitividad, subrayó que “la trazabilidad achica el tamaño del error”. “Sin trazabilidad, un problema puntual obliga a un retiro amplio, con un costo enorme en plata y en reputación. Con trazabilidad, se recupera exactamente lo que hay que recuperar”, distinguió, y recordó la importancia de contar la historia y respaldar con datos las promesas, por ejemplo, de un producto saludable. “Eso es transparencia real y valor de marca”, consideró.
Ventana de oportunidad
Consultado por las urgencias de las industrias para implementar estos sistemas, aclaró que se trata de una “ventana de oportunidad”, que avanza y terminará llegando a todas las industrias alimentarias que buscan competir. Aclaró que es posible empezar por líneas, de manera progresiva y con tiempo, sin necesidad de comprar paquetes cerrados y sabiendo que hay tecnología local para brindar soluciones a medida: “Falta que la industria y la tecnología de esta provincia se conozcan entre sí”, afirmó.
En ese sentido, sostuvo que “Entre Ríos tiene hoy una oportunidad concreta de adelantarse. Somos una provincia con un peso enorme en agroalimentos y con un ecosistema tecnológico que tiene capacidades a nivel internacional”, que se potencian a través de Mirador Tec, Polo Tecnológico y Afideer. Por ello, destacó la importancia de anticiparse y tomar decisiones, y sugirió una pregunta para inquietar a los empresarios: “Si mañana me llaman por un producto, ¿en cuánto tiempo puedo reconstruir su historia?”.
Frente a los desafíos de la Inteligencia Artificial (IA), Lifschitz reflexionó que cada vez más empresas la adoptan, pero “muy pocos cambiaron su forma de trabajar”, lo cual define quiénes obtienen resultados. Desde esa perspectiva, dejó algunos enunciados clave para pensar: la IA se alimenta de la información que uno le da; todavía no decide sola, sino que automatiza procesos; simplifica y da información, pero los oficios los mantienen las personas; no reemplaza el conocimiento, sino que lo pone en valor; la pregunta es cómo integramos los dos mundos, el del conocimiento de la gente en la empresa y la tecnología; la transformación digital dejó de ser sobre herramientas y pasó a ser sobre decisiones.


